Aprendiendo a aprender

Desde el momento en el que abrimos los ojos por primera vez cuando nacimos, comenzamos a aprender. Empezamos a observar figuras, luces y sombras que poco a poco empezaríamos a reconocer más y aprendimos a qué pertenecía cada una de esas cosas que veíamos: aprendimos quien era mamá, quién era papá, quiénes eran personas conocidas y a ante cualquier cosa desconocida, llorábamos en señal de alerta.

A medida que crecemos, vamos aprendiendo más y más. Cuando estamos niños, queremos saberlo todo: somos muy curiosos y preguntamos ¿por qué? varias veces al día, así seguimos acumulando valiosa información que luego nos va a servir para vivir. Después, vamos al preescolar y al colegio y allá nos enseñan muchas cosas importantes, pero más que lo que está en los libros y dice nuestra maestra, aprendemos de las personas que conocemos, de los animales, de la naturaleza, de las situaciones diarias, de nuestra familia y de nosotros mismos.

Todos los días de la vida, estamos aprendiendo algo nuevo; tenemos cinco sentidos que nos permiten adquirir conocimiento de cada cosa que pasa por nuestra vida y es que para eso fuimos diseñados, para estar constantemente aprendiendo, para ser mejores personas y luego para transmitir ese conocimiento a los demás.

¿Por qué es importante el aprendizaje y el conocimiento? porque estos dos factores, nos permiten tomar decisiones, resolver problemas, distinguir lo que es importante de lo que no, cambiar lo que está mal, alcanzar nuestras metas y lo mejor: porque el conocimiento nos hace libres. Pero el conocimiento no llega solo, debemos ayudarnos un poco y poner de nuestra voluntad para poder aprender. En el libro “Gente buena para un mundo mejor”, nos enseñan cuáles son los ingredientes para aprender a aprender:

  • Esfuerzo: No siempre todo lo que queremos hacer nos va a salir al primer intento. Debemos tener paciencia y empeño para dominar cualquier cosa que queramos hacer. Por ejemplo, cuando estamos pequeños y comenzamos a caminar, no somos capaces a la primera, nos toca caernos varias veces hasta que al fin, alcanzamos la meta y no nos volvemos a caer.
  • Reflexión: Reflexionar es pensar muy profundo. Es poner nuestras experiencias, sentimientos y conocimientos en una balanza y ver cómo se relacionan. Cuando nos tomamos el trabajo de reflexionar antes de actuar o de sacar conclusiones, todo nos sale mejor.
  • Interés y curiosidad: Mostrar interés por todo lo que nos rodea es la mejor forma de aprender. Si somos curiosos y nos interesa saber cómo funcionan las cosas, cuáles son los sentimientos de quienes nos rodean, quién es el autor de un invento o cuánto mide la Tierra, significa que nuestra mente está inquieta y no se conforma con quedarse sólo con lo que tiene. Una vez que aprendemos algo, queremos aprender más y más.
  • Diversión: Debemos tomar todo lo que nos enseñan con entusiasmo y diversión. Si logramos que no sea aburrido, lo entenderemos más fácilmente.
  • Experiencia: Es la mayor fuente de conocimiento. Cada cosa que nos pasa nos deja un aprendizaje. Cuando sabemos aprovechar todas nuestras experiencias y de ellas sacamos enseñanzas que nos guían para tomar decisiones o enfrentar exitosamente nuestros problemas, es que hemos aprendido de nosotros mismos.

Si somos unos constantes aprendices, con toda seguridad,  nuestra vida será mucho mejor. Tendremos una visión amplia del mundo y sabremos manejar con certeza las riendas de nuestra vida.

Abre tu mente y no dejes entrar a la pereza, la terquedad o la indiferencia. ¡Toma todo lo que te pase y conviértelo en aprendizaje!

 

Fuente:

Gente buena para un mundo mejor. Periódicos Asociados Ltda. Bogotá. 2004.

 

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